SOMOS LOS HIJOS DE KIRBERG

IRIS ACEITÓN
Alguien lo dijo hace algún tiempo. Que acertada metáfora para describir en pocas palabras todos los sentimientos que abrigamos hacia Ud. los que tuvimos la suerte de conocerlo. "Somos los hijos de Kirberg". No podíamos elegir un padre más ejemplar. Ud. fue el rector más cercano que pudimos tener los estudiantes, el primer rector elegido democráticamente por profesores y estudiantes, el rector impulsor de la Reforma Universitaria, el que abrió de par en par las puertas de nuestra Universidad para que en ella entrara la clase trabajadora y se educara, cometido que se cumplió cabalmente durante su mandato. También la Universidad fue donde se encontraban los postergados de siempre. La ciencia, la cultura, las artes en general, llegaron hasta el campo, las fábricas, las poblaciones.
También don Enrique Kirberg estuvo con nosotros, ese aciago día que enlutó para siempre nuestra querida casa de estudios y el país entero. El barco se hundió con su capitán al frente, dando la cara, con su pecho henchido de orgullo, respondiendo por cada uno de nosotros. La UTE fue atacada por los esbirros golpistas, nuestra radio bombardeada, pisoteada la autonomía, la democracia, despojados hasta los más elementales derechos humanos. Fuimos prisioneros, torturados y muchos asesinados. Ese negro 12 de septiembre, desde el micro donde me tenían cautiva, vi con horror como lo conducían flanqueado por militares armados, hacia el Ministerio de Defensa. Apresaban la sabiduría, la sapiencia. Su traje oscuro revolcado, su cara ensangrentada, su pelo revuelto. Su dignidad entera, incólume, así como sólo caen los grandes.
Alexis Zamorano me llama por teléfono, pletórico: "Acuerdo unánime del Consejo Municipal de la Municipalidad de la Estación Central, la calle Schachtebeck, aledaña a nuestra universidad llevara su nombre: Rector Enrique Kirberg Baltiansky".
Y nosotros como sus hijos lo celebramos emocionados y los hijos de los nuestros; así como una eterna descendencia, sabrán que existió una vez un hombre bueno e inteligente, que llegó a ser Rector de la Universidad Técnica del Estado y que amó a su país y a su Universidad por sobre todas las cosas.
KIRBERG : EL PERSEVERANTE OPTIMISTA.

En 1794 fue fundada la primera universidad tecnológica en la historia: l´Ecole Polytechnique de París. Surgió, junto a los modelos de Napoleón y Humboldt, como una expresión del renacimiento universitario de los 1800. El desarrollo del modelo tecnológico, aunque masivo e importante, fue, un proceso a sotto voce. Sólo en la segunda mitad del siglo XIX llegó a hablarse de "Technische Hochschulen" y, recién en el siglo XX, de "Technische Universitäten" La razón hay que encontrarla en el origen social de la enseñanza técnica: desde sus comienzos, fue dirigida a los estratos menos privilegiados y su agitada historia estuvo ligada a movimientos progresistas. L'Ecole Polytechnique es aún conocida como "la fille de la Révolution". Las universidades técnicas tuvieron así, desde, sus inicios, un carácter socialmente plebeyo y políticamente rojizo.
Enrique Kirberg Baltiansky fue un ejemplo típico de esta tradición histórica. Hijo de inmigrantes judíos, nació en Santiago en 1915. Luego de una modesta y feliz infancia en Valparaíso y Quilpué, ingresó, como alumno interno, a la Escuela de Artes y Oficios, fundada en 1849, cuyo primer director, el ingeniero y pedagogo francés Jules Jariez, había procurado modelar de acuerdo a la matriz parisina.
Avido lector, agudo observador de su tiempo y animador incansable del movimiento estudiantil, Kirberg fundiría sus sueños de adolescente prematuramente huérfano, las largas conversaciones con su tío Mauricio, el menchevique, su participación en las guardias estudiantiles a la caída de Ibáñez, su presencia en el Soviet nacido durante la efímera "República Socialista" del año 32 y su militancia en la Juventud Comunista, para proponerse, a temprana edad, dejar su marca vital en este Chile que ya entonces constituía el centro de su identidad.
Fundador y primer presidente de la FEMICH (Federación de Estudiantes Mineros e Industriales de Chile), le correspondió también iniciar y encabezar la intensa y victoriosa campaña que, en los años 40, condujo a la fundación de la Universidad Técnica del Estado (UTE) a partir de escuelas técnicas superiores preexistentes en siete ciudades chilenas.
Durante años de trabajo político legal o clandestino, incluida su labor de contraespionaje antinazi durante la segunda guerra mundial, entre períodos
de persecución, presión y relegación, Kirberg se tituló de ingeniero eléctrico y continuó su carrera profesional y académica, llegando a ser un destacado empresario ingenieril, especialista en iluminación y catedrático del ramo en la UTE y en las Escuelas de Arquitectura de la Universidad de Chile en Santiago y Valparaíso.
A consecuencia del movimiento de Reforma Universitaria, la UTE celebró, en agosto de 1968 y por primera vez en su historia, elecciones democráticas de rector con participación de profesores y estudiantes. Como obedeciendo una inexorable lógica, las fuerzas de la reforma nombraron candidato a uno de los fundadores del alma mater. Ante la aguda sorpresa de muchos, Kirberg fue elegido rector y reelegido un año más tarde. Luego de promulgarse el estatuto reformado de la UTE, triunfaría por tercera vez en 1972.
Sería demasiado largo listar aquí los muchos logros de su administración. La UTE se transformó por completo. Abrió sus puertas al Chile emergente y esperanzado, fuente de su origen e identidad y salió a buscarlo a las fábricas, minas y pueblos olvidados. Se abrieron las puertas a la participación de todos los estamentos y la riquísima discusión en sus claustros, en torno a la problemática más trascendente del país y del mundo, terminó por convertirla en una universidad con toda la barba. Ella aventó su autoimagen de universidad menor y se atrevió a todo. Sin embargo, no fue impermeable a la marea histórica ni a la aguda y trágica polarización que desgarró la sociedad chilena.
El golpe de Estado de 1973 la convertiría en el blanco académico central, con 62 víctimas fatales comprobadas, cientos de prisioneros políticos, torturados y exiliados, el despido arbitrario del 50% de sus profesores y funcionarios y el cercenamiento de todas sus sedes provinciales. Kirberg sería el único rector chileno en sufrir dos años de prisión y doce de exilio forzado. Durante su estadía en Nueva York, y luego en Montevideo, realizó una incansable campaña por la solidaridad para con los perseguidos en Chile, mientras acumulaba honores académicos y publicaba dos libros sobre temas universitarios. A su retorno, en 1987, la parte más viva de su jibarizada y desnombrada universidad lo recibió en triunfo. Dos mil estudiantes lo pasearon por el Campus de Avenida Ecuador al grito de "¡Aquí está nuestro rector!".
Entre 1969 y 1973 Kirberg, el visionario, había propuesto y fundado 24 institutos tecnológicos de Arica a Punta Arenas. La dictadura eliminó, de una plumada, 23 de ellos. Al volver al terruño, 14 años después, se encontró con un Chile lleno de institutos tecnológicos privados, dándole elocuentemente la razón. En agosto de 1991 ya muy enfermo, volvería una vez más al viejo teatro de la Escuela de Artes y Oficios a recibir el Doctorado Honoris Causa en una ceremonia que, como dijo certeramente su rector (Eduardo Morales), honró más a la USACh que al homenajeado.
En extensas conversaciones sostenidas en 1991, a pesar del traumático derrumbe de su largamente acariciada utopía socialista, vi en él la inclaudicable decisión de continuar con sus antiguas cruzadas, signo de una poderosa inmanencia, acaso la misma que animó la acción de la escuela parisina hace casi 200 años; sin duda, la que dio origen a su universidad, la que hoy, arrastrando un opaco seudónimo y tratando de ignorar los sibilinos editoriales que proponen su desaparición, vacila aún entre asumir o no su pasado, entre hacerse o no depositaria de la acerada determinación de existir y trascender que Kirberg, el perseverante optimista, luchó siempre por entregarle.
Pero sea cual fuere el futuro que la USACh elija para sí, la tenaz, semilla de Enrique Kirberg permanecerá. Somos muchos sus porfiados discípulos que andamos sueltos por el mundo sembrando y empujando sueños onerosos y llevando en nuestras almas, en negro y anaranjado, las tres letras cordiales: UTE.
Luis Cifuentes S.
Cleveland, Ohio, abril de 1992










