YANACONAS EN EL PODER
LA DEMAGOGA VESTIDA
Cuando el Gobierno de la señora Bachelet beatifica al jerarca policial está haciéndose cómplice, pues, de una gestión institucional que cuando menos debiera suscitar dudas.
Durante el período de la dictadura, los dueños del poder político, económico y mediático descalificaron sistemáticamente las denuncias de organismos internacionales, entre ellas
Por otro lado, en el último tiempo se ha observado una creciente agresividad de Carabineros contra quienes protagonizan protestas en las calles. En meses recientes hemos sido testigos de la aparición de una nueva falange de policías a caballo y que en su diestra empuñan un látigo, al estilo del imperio zarista, para reprimir manifestaciones incluso pacíficas. Se trata de funcionarios que muestran un descontrol u odio que mueve a pensar que están fuera de sus cabales.
El General Alejandro Bernales se mostró locuaz para acuñar frases vacías como aquella de que "quien mata a un carabinero mata al país" (¿y el que mata a un obrero o una dueña de casa, ¿no mata también al país, o es que acaso existen chilenos de primera, segunda, tercera y quinta categoría?.
Lejanos parecen los tiempos, a comienzos del Gobierno de Bachelet, en que ésta, ante un testimonio de camarógrafos de televisión que mostraron los excesos en que incurría la fuerza policial para aplastar a "los pingüinos", desautorizó públicamente el quehacer de Carabineros y exigió la renuncia del oficial a cargo de esa brigada. La señora Bachelet está ahora mucho más empeñada en desalentar todo intento de protesta en contra de su persona o su gestión y, por lo tanto, ha ido dando carta cada vez más amplia a los efectivos policiales para que por pura presencia (mediante la exhibición casi pornográfica de su arsenal de represión) o con una reacción de bestialidad inmediata desalienten a los potenciales protestantes. No sólo a los vándalos, a los cuales sería muy fácil identificar y controlar, si hubiese verdadero deseo de hacerlo, sino a los ciudadanos decentes, que tienen tantos motivos para reclamar y protestar.
CHILENITOS SUMISOS Y SERVILES
En el pueblo chileno está muy arraigada la mentalidad autoritaria, al punto que en 1988 el General Augusto Pinochet, al cabo de quince años de cruel dictadura, obtuvo más del 43% de los votos. La forma en que se educa a niños y jóvenes, la prédica abierta o subliminal de los medios de comunicación y el funcionamiento mismo de la sociedad coadyuvan a que el autoritarismo sea la ideología que mueve no sólo a los miembros de clase dirigente, sino también, lo que es más triste, a los de abajo, a los que por generaciones se han habituado a ser explotados o pisoteados y que sólo saben reaccionar con estallidos estériles de vandalismo y con agresión contra de los de su misma condición, incluida la violencia intrafamiliar.
La mentalidad autoritaria nos empequeñece como personas y pueblo y es uno de los principales obstáculos para el fortalecimiento de la competitividad del país. Al mismo tiempo, es una de las causas del enorme prestigio de que goza Carabineros entre la ciudadanía, pese al auge de la delincuencia, la sensación de inseguridad que aflige a vastos sectores del país y la hemorragia incesante de vidas en "accidentes" de tránsito.
Siglos de vigencia de una mentalidad yanacona explican que haya en Chile tan poca consideración por los ciudadanos y tanta admiración frente a los uniformes, las jerarquías militares, las autoridades y el trato prepotente y las granjerías para quienes detentan el poder económico o armado.
La tierna Presidenta Michelle Bachelet, la misma que se emocionó hasta las lágrimas al evocar la memoria del fallecido General de Carabineros, no ha mostrado la misma sensibilidad frente a los atropellos de que son víctimas los mapuches, ni ante la huelga de hambre de más de cien días que protagonizó hace poco una de las condenadas por la aplicación abusiva, según diversos juristas de organismos internacionales, de
A comienzos de 2008, el codirector del Observatorio de Derechos de los Pueblos Indígenas, José Aylwin, hijo del ex Presidente de
en un enfrentamiento con Carabineros y acusó una represión histórica por parte del Gobierno. "No es posible que un Estado democrático, que contribuye con su voto a adoptar decisión de Naciones Unidas sobre derechos de los pueblos, tenga como política central en relación a los pueblos indígenas, y en particular al pueblo mapuche, la represión", criticó el abogado. Una represión de la cual el General Bernales fue un útil y hasta entusiasta instrumento.
La propia Iglesia Católica, de la cual fue durante toda su vida un devoto seguidor, el ahora extinto General Bernales, ha levantado un severo diagnóstico acerca de la represión de que viene siendo objeto desde fines de los 90 las comunidades mapuches en la zona de
El General Bernales no parece haberse jugado por escuchar el clamor del pueblo mapuche y se mostró incapaz de poner coto a los abusos perpetrados contra estos chilenos, tan severamente denunciados por organismos internacionales. Apenas tres o cuatro días antes de la trágica muerte del General, se daba a conocer un nuevo informe de Amnistía Internacional en la que destacaba como un punto negro en el caso de Chile, los abusos que se perpetran contra ese pueblo aborigen. El mencionado informe cuestiona severamente la aplicación de la legislación antiterrorista a los comuneros y recoge la recomendación planteada por otras instituciones humanitarias, para que los derechos de los pueblos indígenas sean incorporados a
Ciertamente, la muerte trágica de cualquier persona merece solidaridad para con sus deudos y es evidente, por otro lado, que si la víctima es alguien de connotación, ello suscita el interés de los medios de comunicación. Pero la reacción que se ha observado en Chile ante la muerte trágica del General Bernales, constituye un exceso que deja al desnudo la levedad de nuestra democracia y el escaso espíritu crítico de ciudadanos que han degenerado básicamente en consumidores.












GOLPISTA NOSTALGICO (VIUDO INCONSOLABLE DE PIN8) dijo
“Los golpistas nostálgicos vivieron una verdadera fiesta”
Los muertos son buenos pero, en Chile, si tienen poder y además son destacados por los poderes fácticos a los que tan bien sirvieron desde el 11 de septiembre del ’73 como ‘perros de presa’, son especialmente buenos”.
Hace énfasis en la actuación de aquellas personas –de origen tan humilde como el suyo- que despidieron el féretro apostadas en las aceras de la ciudad, premunidas de fotos del general, las que por cierto no fueron sacadas del baúl de nadie en particular, sino más bien pareciera que ‘alguien’ –dedicado a asuntos de producción mediática y movilización de masas- las industrializó en serie para entregarlas a quienes iban a estar en las calles durante el tránsito de los féretros en aquel sentido adiós.
Si un extranjero hubiese aterrizado en Chile aquellos días, habría jurado que el general director cayó abatido por balas enemigas o por un atentado extremista. Eso quizá le hubiese permitido entender la parafernalia oficial, pero un doloroso y trágico fallecimiento causado por un accidente es algo que le puede suceder a cualquiera y, más allá de las exequias oficiales y el duelo nacional pertinente, no ameritaba estructurar el pandemonio que se extendió durante 48 horas a través de una auténtica ‘cadena nacional’ de radioemisoras y canales de televisión. Ello ni siquiera ocurrió en Inglaterra con el sepelio de la trágicamente fallecida Lady Diana de Gales (que, dicho sea de paso, también murió en un accidente acaecido en país extranjero).
Algunos lo llaman ahora ‘el general del pueblo, pero, de ¿cuál pueblo?
Del pueblo mapuche y del pueblo estudiantil y del pueblo de los subcontratados y del pueblo de los deudores habitacionales y del pueblo de los mineros de Lota y del pueblo de los pescadores artesanales…no, de ese pueblo no. Del pueblo de los especuladores, del pueblo de los ladrones, del pueblo de los agiotistas, del pueblo de los estafadores, del pueblo de las transnacionales…¿de ese pueblo sí?
José Alejandro Bernales era un policía, un carabinero. Llegó a la más alta instancia de su institución y por ello se le respeta –el status es del cargo y no necesariamente de quien lo ocupa-, mas no por eso debe olvidarse, por ejemplo, que bajo su conducción Carabineros de Chile actuó siempre de manera autónoma para disolver con golpizas y balines de goma (a veces, incluso con balas) todas y cada una de las manifestaciones populares, sin esperar, acatar o responder a las ignotas órdenes e instrucciones emanadas del Ministerio del Interior y/o de La Moneda, replicando con idéntica ferocidad las intervenciones realizadas por ese cuerpo policial durante los años de dictadura.
Tuvo en suerte el señor general de contar en el palacio de gobierno con algunos eméritos ‘progresistas’ de última hora, como los señores Felipe Harboe y Francisco Vidal, quienes, debido a sus currículos políticos, amantes del totalitarismo, cobijan y defienden el proceder autoritario de la llamada ‘fuerza pública’. Bajo el mando de Bernales, Carabineros se destacó por la violencia ejercida contra los ciudadanos comunes que luchan por su país desnudando los oscuros y pingües negociados de los invasores transnacionales hasta dar la vida incluso, pero a ellos se les trata como delincuentes, se les aplica la ley antiterrorista y, además, se les tilda de locos, desquiciados y otras lindezas similares ¡¡por defender la identidad y los recursos de la nación!!
Durante el mandato del general Bernales, Carabineros volvió a aproximarse a sus ‘mejores tiempos’ represivos, pero esta vez sin necesidad de instrucciones provenientes de las altas jerarquías gubernamentales…hoy se bastan solos, cual cofradía autárquica separada del cuerpo social, pero incentivada por la anomia política que desde hace años revolotea en La Moneda, donde una presidenta llegó al sillón de O’Higgins merced al engaño mediático que sus patrones verdaderos lograron difundir en la población, administrando el garlito de que ella era una ‘socialista renovada’, hija de un general leal a la Constitución que sufrió la muerte a manos de verdugos fascistas y, pese a ello, era capaz de perdonar y mirar el futuro con renovadas esperanzas. .
Los aplausos para Bachelet y vítores para Bernales bajaron como cascada en la representación operática que presenció el país a través de las pantallas de la televisión en cadena. Un acto teatral rápida y eficientemente preparado a objeto de lograr la conmiseración del país y, además, echar tierra temporalmente sobre los problemas que se dejarán caer sobre el gobierno, como el de los estudiantes, los camioneros, los profesores, etc., etc.
Para la derecha ultramontana, para los militares nostálgicos del antiguo poder total y para los dueños de las transnacionales, Bernales fue un constitucionalista de pura cepa. Claro, pero de ‘esta’ Constitución heredada de Pinochet y maquillada por Ricardo Lagos. Los golpistas de ayer y los fascistas de hoy se desgañitaron rezando por el general fallecido. Quisieron –y en parte lo lograron- convencer a la ciudadanía más pobre que él era una especie de santón, de gurú o de Robin Hood…
No por nada, ni menos por defender la legalidad, la democracia y los juramentos constitucionales, el subteniente Bernales fue ascendido a teniente el 16 de septiembre de 1973, cinco días después del golpe de estado, entrando de inmediato a servir en las Fuerzas Especiales de Carabineros durante la dictadura pinochetista.
Parece que algunos pueden ver el bosque mejor que muchos.
El nuevo General Director, de apellido Gordon (¿pariente del fallecido general Humberto Gordon, jefe de la CNI?), informó que su gestión será ‘de continuidad’. ¿Habrá que llamarlo también ‘general del pueblo’?
9 Junio 2008 | 09:14 PM