REQUISITOS PARA SER POLÍTICO
Chile 30/10/2004 17:05:25
LA PRIMERA CARACTERÍSTICA que debe tener un chileno para ingresar en política, es decir para convertirse en un nuevo líder, es tener plata. Con ello debe pagar mucho, pero antes que nada debe ser bello. Debe vestirse con un diseñador personal y si es flaco debe criar músculos. Por ningún motivo, puede ser gordo: en los años 2000 es preferible que se piense que el político tiene SIDA a que sea gordo. La gordura es la peor lacra para nuestra clase política, por lo que gimnasios, endocrinólogos y cirujanos plásticos cuentan cada vez con más pacientes "con vocación de servicio público".
En esta ardua tarea han entrado a la fama los cirujanos especialistas en byepasses gástricos y otras técnicas para disminuir el tamaño del estómago. Ya con cuerpos estilizados decorados a la moda, se arreglan las caras y el peinado ocupando los labios un rol muy importante. Los labios carnosos y rojos harán más famosas a las damas en sus cargos de representación popular. Los peluqueros destacados, que reciben tributos de la prensa, los hacen aparecer más jóvenes, "casual", flexibles o, incluso inteligentes. Esto último rara vez lo logran. En materia de neuronas: Lo que natura non dat, salamanca non prestat (lo que la naturaleza no da, la academia no presta).
Como algunos no logran ser bellos ni flacos, aparentan que son diferentes y que no les interesa la forma. En ese papel profundizan sus rostros hoscos, sus ceños fruncidos y sus miradas amargas, y sólo se basan en la fuerza y prepotencia que les da el dinero, poniéndolo sin pudor encima de la mesa, golpeándola y trasmitiendo con desprecio que lo lograron a base de su inteligencia superior. Ninguno recuerda el capital social que los ayudó en sus logros, ni el origen de éste, que generalmente se debe a sus padres o al uso que han hecho de la política en sus negocios.
Con estos elementos, los nuevos líderes van a las elecciones, porque son fácilmente digitados por los dueños de los partidos políticos y se basan en las redes que arman sus operadores, quienes, desde cargos públicos, invierten los recursos fiscales en una estrategia comunicacional permanente, tanto para los líderes como para sí mismos con el fin de lograr la perpetuidad.
La externalización de estudios a consultoras fantasmas es la gran herramienta de triangulación, que les permitirá armarse de un capital, pagar favores o dar una buena vida a los adeptos más cercanos y obsecuentes. La inversión en imagen es cara y por ella es legítimo hasta falsificar estudios y encuestas nacionales de temas álgidos para la sociedad. El pretexto es que los otros también lo hacen y que no se puede entregar el poder por el alto costo que ha tenido lograr esta democracia. Democracia nueva y muy ajena al gobierno de las mayorías. Fenómeno que Eduardo Galeano define en una frase: en la época de las dictaduras militares se quemaban los libros subversivos, en la era de la democracia se queman los libros de contabilidad.
Las comunicaciones ocupan por tanto, el lugar de honor en la farándula política. Las más altas autoridades se juegan por la aparición en los primeros diez minutos de los noticieros y los equipos de relaciones públicas constituyen sus asesores principales. Todos hacen "gestos" y se envían "señales" y una frase saca a la otra como entre personajes tales como Argandoña, Yerkopuchento o Italo Passalacqua. No importa lo que se diga, la cuestión es aparecer.
La cultura y el conocimiento no son patrimonio de gran parte de los nuevos líderes. Algunos jamás han leído un libro, salvo un bestseller en vacaciones, pero pese a ello se les ubica en cargos vitales para el manejo del país. Pueden ocupar cualquier cargo, independientemente del título, muchas veces comprado, y del área de especialidad. Los nombres se repiten hasta la saciedad. Se supone que en cualquier lugar pueden hacerlo bien, ya que el contenido básico que se les exige es su lealtad al régimen, su habilidad para la recolección y su capacidad "política", que es como la fuerza madre de todo conocimiento.
"Política" para ellos significa asegurar el triunfo en las elecciones siguientes y terminan una para comenzar la otra sin dejar un minuto el celular que mantienen colgado, usando tiempo, energía y recursos públicos en pagar favores, tapar errores y negociar.
En un país guiado por el libre mercado, los nuevos líderes están en el derecho de montar el negocio que se les ocurra, pero es agotador que crean que las grandes mayorías aún debamos tragarnos la letanía del servicio público y que, guiados por el microclima autocomplaciente que los rodea, crean que les rendimos pleitesía.
Los ciudadanos no somos escuchados, no tenemos canales de expresión, carecemos de redes sociales y sindicatos, pero nuestro silencio es temporal y el conocimiento se acumula, ya que por más que defiendan la imagen pública, los humildes que los rodean son testigos de todas sus acciones. Carecemos de la fuerza para hacer una defensa activa de nuestros derechos y nuestros recursos, pero se protesta pasivamente a través del alejamiento de lo que actualmente se ha dado en llamar política.
Según un estudio de FLACSO, el 31% de los chilenos de más de 18 años no está participando en los comicios electorales. Hay 2,1 millones de personas que no están inscritas y un millón que está optando por la abstención o los votos nulo y blanco. Cerca de un 70% de los jóvenes no está inscrito y la tendencia es que cada vez se inscriban menos.
Muchos de los que votan lo hacen por disciplina o costumbre y, la gran mayoría, por miedo a las multas. No por otra cosa el Congreso ha rechazado la propuesta de eliminar el voto obligatorio, situación en que muy pocos votarían.






Juan Pablo Cardenas dijo
Sin vergüenza
Sin vergüenzaDespués de la millonaria asignación de recursos para tapar el bochorno del Transantiago vino la vergonzosa decisión del Gobierno de fijar en una más que discreta cifra el salario mínimo. Casi 300 millones de dólares de bonificación para los bancos y empresas operadoras del fracasado sistema de movilización colectiva capitalino; apenas unos pesos de reajuste al salario de unos 800 mil campesinos y obreros chilenos que con sus familias constituyen los sectores más pobres e indigentes. De esta forma, el "Gobierno Ciudadano" rinde prueba de su irreductible compromiso con la economía neoliberal y le da un portazo a la esperanza que muchos teníamos en cuanto a que Michelle Bachelet torciera el rumbo diseñado por la Dictadura y aplicado rigurosamente por los gobiernos de la Concertación.
Escandaliza, incluso, a los dirigentes de la derecha, cuyo senador más pudoroso ha propuesto un "salario mínimo moral" que los empleadores paguen efectivamente a sus trabajadores, por sobre la mezquina cifra dispuesta por el Zar de nuestra Hacienda Pública. Sabemos, por supuesto, que nuestros recursos públicos no son ilimitados. Seguimos siendo un país exportador de productos básicos, con poco o nada de valor agregado y absolutamente dependiente del precio internacional del cobre, como de que nos provean energía del otro lado de Los Andes. Sin embargo, nos damos cuenta que el reiterado superávit fiscal puede permitirnos inversiones sólidas y corregir las escandalosas desigualdades en el ingreso y calidad de vida de nuestra población. Una magnífica oportunidad para que el país se dote de nueva infraestructura, invierta en una severa reforma educacional, emprenda actividades que den trabajo y recuperen para los chilenos los millonarios dividendos que cobra la inversión extranjera que explota inicuamente nuestros yacimientos, recursos hídricos, forestales y servicios básicos.
Con la bonanza, en cambio, lo que hemos visto es el dispendio, la malversación y la degeneración de nuestra política. Desde los sobresueldos que se les descubrieron a los ministros, las concesiones fraudulentas del Ministerio de Obras Públicas, los desvíos de fondos de los planes de empleo y fomento del deporte... hasta las descarriadas operaciones en Ferrocarriles y otras instituciones y empresas del Estado. Dietas de 8 o más millones para los parlamentarios y jueces, mientras que el salario mínimo se fija en 144 mil pesos; utilidades bancarias que superan los porcentajes de las economías más sólidas del mundo, a expensas del crédito usurero que otorgan a quienes integramos una de las naciones más endeudadas de la Tierra. Cientos de miles de pequeños y medianos empresarios ahogados por un sistema diseñado y ejecutado en beneficio de "los peces gordos" y de sus operadores en el Gobierno y los otros poderes del Estado. Cuya tarea, como se comprueba, es hacer incluso "vista gorda" a los horrores que cometen contra el medio ambiente.
Lo curioso es que nos está sobrando dinero para financiar campañas políticas millonarias, salir al rescate de los empresarios inescrupulosos, dotar de más onerosas y mortíferas armas a los militares, encarcelar a los niños que delinquen y vender en el mundo nuestra "imagen país" como la copia feliz del Edén. El propio Zar se ha preguntado qué hacer con tanto dinero sin afectar los sacrosantos equilibrios macroeconómicos que se fundan, ciertamente, en la NECESIDAD de que los trabajadores ganen muy poco para garantizar las suculentas utilidades de los exportadores dentro de la terrible competitividad de los mercados. Que los políticos se repartan un pastel sabroso al servicio de los que tienen y quieren todavía más. Que las cortes y la policía tengan recursos para reprimir el descontento y garantizar la impunidad de explotadores, asesinos y corruptos. Que el periodismo y los intelectuales no vigilen a la autoridad ni creen expectativas sociales. Más bien velen por los fundamentos ideológicos de quienes se enseñorean, gobiernan y cogobiernan este país llamado Chile.
10 Marzo 2008 | 03:48 AM