DEMOCRACIA EN LA CASA DE ORATES
El charquicán exuda un olor a imbecilidad y a ignorancia incomparable, tanto que hasta los jotes huyen despavoridos. Si hubiera que votar por el país más huevón de la tierra yo teclearía Chile, Chile, Chile, diez veces al día. Pero esto sólo es un sueño. Menos mal.
Víctor Jara, Las peras y las manzanas se suman pues, con el aval de la prestigiosa emisora británica. Entonces todo está okey. ¿Cómo no, si ya lo hicieron los ingleses? Cada día, usted, yo, o cualquiera, puede votar hasta diez veces por su personaje favorito, en una página de internet especialmente creada para confundir épocas, roles, relevancias, en una majamama de pesadilla. Un sueño del que quisiera despertar lo antes posible, porque me embarga el sentimiento de que estamos todos viviendo en el Open Door. Suena una trompeta y una voz gangosa dice: "Comienzan a prepararse". Lautaro, medio descuajeringado, mañosea en el partidor. "Partieron", dice la voz nasal e indiferente de una relatora (todas con la misma vos nasal ¿no saben respirar?). Jara avanza por fuera a tres cuerpos de Arturo Prat, que pierde la línea de carrera. Yo tengo hecha una quinela Rodríguez Hurtado. Y me aseguro además con un ganador y un placé a Neruda y Hurtado, respectivamente. ¿Cómo demonios del Canal 7 pasamos al Hipódromo Chile? En fin, ya saben ustedes como son de caprichosos los sueños. San Alberto Hurtado va atropellando por fuera, doblan la curva de los ochocientos metros, Rodríguez seguido muy de cerca por El populacho, el mierdal humano, la chusma de todas las calañas teclea en sus computadores, llena de fervor inusitado. Se sienten dioses que pueden avanzar o adelantar a santos, héroes, poetas o cantautores con sólo mover un dedo. Una cazuela de aureolas, sables y plumas fuentes hierve en el caldero. La democracia demuestra su infinita eficacia en esta justa onírica. El charquicán exuda un olor a imbecilidad y a ignorancia incomparable a huevonura, tanto que hasta los jotes huyen despavoridos. Si hubiera que votar por el país más huevón de la tierra yo teclearía Chile, Chile, Chile, diez veces al día. Pero esto sólo es un sueño. Menos mal. Ya despertaremos con las cosas en su sitio. Prat hundiéndose con El santo toma la delantera. Si no despierto pronto me haré ciudadano boliviano. Neruda se rezaga. ¿Dónde están Bilbao, Vicuña Mackenna, O’Higgins, el Abate Molina? ¿No sacaron sus bonos Fonasa? Campea la ignorancia más sorda, la vulgaridad sin fondo, mientras los deditos chilenos van, dale que dale, en su deleitosa masturbación sobre el teclado. ¿Serán o se hacen?


Las cifras son elocuentes: millones de personas para ver un espectaculo insulso, y otras estupideces en la televisión. Para que esto se produzca, los medios de difusión tienen que asegurar la adhesión de las dóciles e indefensas mentes de sus huecos consumidores, creando programas que cruzan las fronteras y extienden así, más y más, el círculo de su influencia.



